Sin el apoyo de EEUU y la UE, Israel sería un Estado-paria. Durante su última ofensiva contra la Franja de Gaza, ha asesinado a 6.500 palestinos, según cifras de Naciones Unidas. Entre las víctimas de los bombardeos, se cuentan 2.700 niños. Las Fuerzas de Defensa de Israel han destruido mezquitas, hospitales, escuelas. Exigió a la población civil que se desplazara hacia el Sur para librarse de los ataques de la aviación, pero también ha bombardeado esa zona y ha disparado contra las columnas de refugiados. Violando las leyes del derecho internacional humanitario, ha interrumpido el suministro de electricidad, agua, medicamentos y comida. Muchas personas están bebiendo agua salada de pozos y las intervenciones quirúrgicas se han interrumpido.
Quizás ya estén muriendo los neonatos en incubadoras y los enfermos que necesitan oxígeno o diálisis. No lo sabemos, pues Israel está asesinando a los periodistas palestinos que aún permanecen en Gaza. No se trata de muertes accidentales, sino selectivas, como sucedió con la prestigiosa periodista de Al Yaziera Shireen Abu Akleh, abatida por un francotirador del ejército israelí, o la de Mohammad Baalouche, director del canal de televisión Palestina Hoy. Según Reporteros Sin Fronteras, ya han sido asesinados 24 periodistas desde que empezó el asedio medieval de Gaza.
El gobierno racista y ultraderechista de Benjamin Netanyahu no se limita a perpetrar un genocidio en Gaza. Además, persigue en el interior de Israel a los que se atreve a protestar contra la ofensiva militar. Ya se han realizado un centenar de detenciones, a veces por el simple hecho de colgar una bandera palestina en las redes sociales o unos versos del Corán. Las medidas represivas no alcanzan solo a los ciudadanos. Netanyahu ha roto relaciones con Naciones Unidas y ha exigido la dimisión de Antonio Guterres tras declarar que la violencia de Hamás no ha brotado de la nada. Ese tipos de gestos solo se han visto por parte de gobiernos totalitarios, como el Japón imperial o la Alemania nazi. Una de las primeras decisiones de Hitler fue abandonar la Sociedad de Naciones.
El terrorismo siempre es reprobable, pero suele ser un gesto de desesperación de colectivos ferozmente maltratados. Gaza soporta un bloqueo inhumano desde 2007 y en Cisjordania no cesan de crecer los asentamientos ilegales. Todos los años los colonos judíos asesinan impunemente a los palestinos con el apoyo del ejército y las detenciones administrativas se multiplican sin cesar. Miles de palestinos, muchos menores, se hacinan en cárceles israelíes sin que se hayan formulado cargos ni exista la previsión de un juicio. En estas circunstancias, la violencia es una respuesta previsible y está asociada a la impotencia. Israel es un Estado colonial. Su existencia implicó el exilio forzoso de casi un millón de palestinos, que huyeron de sus hogares después de que se perpetraran varias masacres y se destruyeran más de 500 pueblos.
EEUU y la UE son cómplices del genocidio que se está cometiendo en Gaza. Se solidarizaron con los ucranianos cuando sufrieron la agresión rusa, pero ahora respaldan la violencia de Israel contra Gaza. Condenar los crímenes de Hamás no implica cuestionar el derecho de los palestinos a rebelarse contra la brutal opresión que soportan. Ahora bien, si las protestas pacíficas y democráticas no son atendidas, ¿qué opciones quedan? La cruel violencia de Hamás es la respuesta nihilista a la operación de limpieza étnica que Israel lleva impulsando desde 1948. Israel no quiere la paz con los palestinos. Solo desea expulsarlos de sus tierras para poder consumar su sueño de un Estado estrictamente judío. Netanyahu está a la altura de criminales como el presidente sudafricano Pieter Willem Botha o el presidente serbio Slobodan Milošević. Aunque hay leyes internacionales para juzgar a los criminales de guerra, no se aplican. Ni EEUU ni Rusia ni Israel reconocen la autoridad de la Corte Penal Internacional.
El martirio de Gaza continuará, pero quizás sea el punto de partida de un conflicto de repercusiones globales. De momento, los crímenes de lesa humanidad de Netanyahu han destruido la credibilidad moral de EEUU y la UE, pero no podemos descartar que a ese descrédito se sume una oleada de atentados. ¿Quién dijo que la historia había finalizado? Quizás lo que acabó hace tiempo fue la democracia, un sistema basados en valores como la libertad, la justicia y el respeto a los derechos humanos.
Rafael Narbona
Comentarios
Publicar un comentario